Estamos continuamente intentando incluir la inteligencia artificial (IA) en nuestro puesto de trabajo. Pilotos, pruebas controladas, pequeños automatismos, asistentes “de apoyo”… y aun así, la sensación se repite: la IA está, pero no termina de calar.
La pregunta correcta ya no es si la IA encaja en la empresa, sino cómo podemos ser más disruptivos y acelerar de verdad su integración en el día a día.
Para nosotros, hay una conclusión clara: la IA no se adopta por decisión, se adopta por necesidad. Y esa necesidad no surge sola, hay que provocarla.
El primer freno: querer encajar la IA en procesos antiguos
Uno de los errores más habituales es intentar introducir la IA dentro de procesos diseñados para otro tiempo. Procesos pensados para validaciones manuales, tiempos humanos y controles secuenciales.
No se trata de añadir IA a lo que ya existe, sino de repensar los procesos como si la IA hubiese estado siempre ahí. Cuando hacemos este ejercicio aparecen preguntas incómodas, pero imprescindibles:
- ¿Esta tarea debería seguir existiendo tal como la hacemos?
- ¿Dónde aporta realmente valor la intervención humana?
- ¿Qué controles son históricos y cuáles siguen siendo necesarios?
La disrupción empieza en el diseño del trabajo, no en la herramienta.
De la eficiencia a la dependencia positiva
Muchas iniciativas de IA se justifican por mejoras de eficiencia. Está bien, pero no es el detonante de la adopción real. La palanca definitiva es la dependencia positiva:
“Sin esto, ahora tardo el doble.”
Cuando una persona siente que su trabajo empeora si la IA no está, la integración se acelera sola. Para lograrlo debemos:
- Atacar tareas repetitivas y poco agradecidas
- Integrar la IA en las herramientas ya existentes
- Eliminar flujos paralelos o soluciones “extra”
Ser disruptivos implica permitir romper reglas (con control)
Acelerar la integración exige aceptar un cierto desorden controlado. Las organizaciones que avanzan más rápido permiten que los equipos prueben, experimenten y ajusten sin pasar por capas infinitas de aprobación.
Esto no significa caos, sino:
- Espacios de experimentación definidos
- Casos de uso concretos
- Responsables claros
Formación invertida: primero uso, luego explicación
Otro freno habitual es empezar por grandes planes de formación teórica. La experiencia demuestra que funciona mejor justo al revés:
- Usar la IA en un caso real
- Ver el impacto en el trabajo diario
- Explicar después cómo funciona
Gobernanza clara para acelerar, no para frenar
Cuando algo funciona bien varias veces seguidas, es tentador dejar de cuestionarlo. Por eso, una integración rápida y sostenible requiere:
- Límites claros
- Supervisión humana
- Responsabilidades bien definidas
Menos KPIs, más historias reales
Los indicadores ayudan, pero las historias convencen mucho más.
Conclusión
Acelerar la integración de la IA no consiste en añadir más tecnología, sino en atreverse a cuestionar cómo trabajamos.
SSI La Misión por una IA Segura