Los que me conocéis sabéis que soy un tipo a veces excesivamente organizado y puntilloso... un poco plomo, vamos.. y la verdad que eso es a la vez una ventaja y una maldición.
Durante años he usado una hoja de cálculo para organizar mi vida. Iba bien, la verdad. Pero uff, la rutina era: ducha, café y sentarme delante del PC para actualizar la hoja de cálculo que me decía lo que tenía que hacer... y muchas cosas más.
El 5 de junio de este 2026, eso dejó de tener sentido.
Llevo muchos años trabajando con software —programando, dirigiendo proyectos, metido en implantaciones bancarias y tecnológicas— y creía saber de sobra cuánto costaba convertir una idea en una aplicación real. Aquel día tuve uno de esos momentos en los que algo que dabas por sabido deja de serlo y se te queda esa cara que tanta gracia les hace a tus hijos..
Treinta años enseñan a desconfiar de lo fácil
Cuando llevas tres décadas metido en esto, piensas que la idea es crucial pero llevarla a cabo no es un camino de rosas. Entre “esto estaría bien” y “esto va a funcionar” hay análisis, arquitectura, pruebas, seguridad y muchas horas que nadie contempló en la primera estimación.
Pero aprendes algo más importante: no todo lo que podría ser software merece serlo. Si algo se resolvía razonablemente bien con Excel y un poco de trabajo repetitivo, ¿para qué montarme una aplicación entera? Podía hacerlo, sí, pero a riesgo de destinar todo el tiempo libre a algo que puedo hacer ‘a mano’ y.. todos queremos tener vida. Definitivamente no compensaba. Esa fue mi regla de oro durante años.
Hasta el 5 de junio.
El momento con Roberto y el modo Plan
El cambio no me llegó leyendo un artículo sobre inteligencia artificial ni viendo una demo perfecta, ni siquiera un gurú que me pide que le envíe la palabra ‘HAZTERICO’ a su instagram.. aún no entiendo para qué. Me lo enseñó Roberto, un amigo, hablando de Claude Code, una herramienta de programación con IA.
Abrió VSCode y me enseñó su “modo Plan”: le explicaba a viva voz (a través de una herramienta de ) a la IA lo que quería construir, ella analizaba el problema y proponía cómo abordarlo, y él discutía el planteamiento antes de que se escribiera una sola línea de código. Solo después, la IA construía.
Yo ya había usado IA para programar, ojo. Conocía la sensación de pedir algo y recibir veinte líneas que ahorraban media hora. Y también la de discutir interminablemente con una IA porque algo no funcionaba y -desde mi punto de vista- tenía que funcionar. Pero esto era otra cosa: alguien explicando una necesidad, discutiéndola con la máquina, y convirtiendo esa conversación en software funcionando. Funcionado, además, muy bien.
Cuando construir dejó de ser absurdo
Era un viernes. El fin de semana fue muy divertido. Se me ocurrió trasladar la hoja de cálculo a una app. Nunca nada más volverá a ser igual. Me sentía como un mago sacando cosas de la chistera.. y si le añado las tareas? hecho; y si añado un inbox vía voz por si voy caminando por la calle y se me ocurre algo? hecho; y si la pongo en el iPhone? hecho, y si le pongo seguridad vía Face ID!!!?¿ Hecho 😱
Lo más increíble, era que era todo para mí. Era fácil. Era exactamente lo que quería. Cada cosa me ayudaba a la siguiente. Dicho de otra manera, es la sensación de ir montando ese coche de lego que te encanta pero que vas a poder conducirlo por la autopista felizmente.
Así nació Vera —del latín, verdad—, un espacio donde reúno tareas, proyectos, memoria y automatizaciones que antes andaban repartidas entre una hoja de cálculo y mi cabeza. No entraré aquí en el detalle: iré desglosando cada pieza —memoria, agentes, seguridad— en próximos artículos.
Lo que sí quiero trasladaros es la diferencia de fondo. Mi hoja de cálculo almacenaba información y esperaba a que yo la abriera, la revisara y decidiera qué hacer con ella. Era un ente estático que sólo avanzaba si yo la hacia avanzar. En verano era un archivo olvidado en la nube. Vera puede trabajar sobre esa información sin que yo esté delante. Tiene actualmente nada menos que 7 agentes que hacen lo que tienen que hacer, ni más ni menos.
Dicho de otra forma: mi hoja de cálculo esperaba a que yo la abriera; Vera puede despertarse antes que yo y hacer que focalice lo que yo quiero focalizar.
El umbral ha bajado: qué significa para todos nosotros
El software siempre ha tenido un umbral de entrada. Para justificar meses de desarrollo hacía falta una empresa detrás, muchos usuarios o un ahorro considerable. Ni siquiera los que sabemos programar y crear aplicaciones perdíamos el tiempo en cosas que ‘no valían la pena’. Mucho mejor usar otra cosa: una hoja de cálculo, una libreta, un papel a boli en la cartera o la memoria.
Herramientas como Claude Code o Codex están bajando ese umbral de forma drástica. Y cuando baja lo suficiente, aparece algo que durante décadas fue económicamente absurdo: el software unipersonal, aplicaciones pensadas para un único usuario. No es una app “personalizable”: es una app personal, es mi app de vida que no necesita satisfacer a un usuario medio porque no existe un usuario medio. Existes tú, y existo yo.
Ojo, que esto no significa que la ingeniería haya dejado de importar: cuanto más rápido se construye, más fácil es acumular errores de seguridad o decisiones que nadie cuestionó. A mí me tocó parar a revisar en serio la seguridad de lo construido tan deprisa al darme cuenta que lo que me pasaba por la cabeza, acababa funcionando en nada de tiempo y esfuerzo. Buena cura de humildad.
Si te apetece experimentar por tu cuenta, mi recomendación es sencilla: coge ese problemilla que hoy resuelves “a mano” — ese gasto recurrente que no sabes cuánto te va a suponer, notas sueltas de medidas, cosas que hacer, sitios que te gustaría ir en algún momento.. cualquier recordatorio mental— y, en vez de pedirle a la IA que escriba código directamente, pídele que planifique contigo la solución. Eso sí, si vas a meter información sensible, revisa la seguridad antes de fiarte: la velocidad no sustituye al criterio.
Conclusión
No hemos dejado de necesitar la ingeniería. Lo que ha cambiado es lo que tenemos al alcance. Si no he escrito nada estos meses, es porque he empezado a crear y a ver múltiples creaciones con ilusión y, por qué no, con sorpresa.
Para mí es todo un cambio de época, pero quizá esa revolución no sea que todo el mundo pueda programar, sino que, por primera vez, podamos permitirnos el software unipersonal: software que es íntegramente para un sólo ser humano.
Preguntas frecuentes
¿Necesito saber programar para crear mi propia aplicación con IA?
No hace falta, aunque ayuda entend
er qué se construye. Con el modo Plan puedes discutir la solución en lenguaje natural antes de generar código, así que la barrera técnica baja muchísimo. Eso sí, si creas algo que se pueda comercializar, sí que deberías tener los medios de seguridad y auditoría necesarios para evitar incidencias.
¿Es seguro guardar datos personales en una herramienta que me he construido yo mismo con IA?
No por defecto. La IA puede generar código que funciona sin aplicar buenas prácticas de seguridad. Antes de guardar información sensible, revisa autenticación, cifrado y validaciones, como en cualquier desarrollo profesional.
¿Qué es el “modo Plan” y por qué importa?
La IA primero analiza y propone una solución, y solo construye cuando tú la validas. Cambia la dinámica: en lugar de pedir código a lo loco, primero discutes el problema.
¿Y si no no tengo ni idea, por donde empezaría?
Si te suena interesante pero “Claude Code”, “Codex”, “VSCode” o “terminal” te parecen palabras de otro planeta, no pasa nada. Ahora ya no necesitas empezar aprendiendo a programar.
Mi consejo sería incluso no intentar aprender Claude Code y Codex a la vez. Escoge uno, busca un problema minúsculo y prueba.
Para Claude Code, empezaría por el Quickstart oficial de Claude Code de Anthropic (https://code.claude.com/docs/en/quickstart). Comienza prácticamente desde cero: instalación, abrir un proyecto, hacerle preguntas y pedirle un primer cambio. Anthropic tiene además Claude Code: Foundations (https://www.anthropic.com/webinars/claude-code-foundations), una sesión introductoria en vídeo donde parten de la instalación y construyen los primeros ejemplos.
Para Codex, el mejor punto de entrada es OpenAI Academy – Codex (https://openai.com/es-ES/academy/codex/). Tiene una sección específica para empezar, ejemplos de tareas reales y explicaciones de cómo pedirle las cosas. El Centro de ayuda de OpenAI sobre Codex (https://help.openai.com/es-es/articles/11369540-using-codex-with-your-chatgpt-plan) también explica las distintas formas de utilizarlo —aplicación, IDE, web o terminal— sin asumir demasiado conocimiento previo.
Y después haría algo todavía más sencillo: crear una carpeta vacía y decirle algo parecido a:
“Me gustaría crear una pequeña aplicación para guardar la lista de los libros que quiero leer. Antes de escribir código, explícame qué vas a hacer y vamos construyendo juntos”.




así es! cada vez la barrera para construir cosas es más baja 😁