El oficio empieza mirando
Después de treinta años en las trincheras de TI, hay una parte del trabajo que sigo valorando: sentarme con alguien, observar cómo hace las cosas y descubrir dónde pierde tiempo. Después vienen las herramientas.
El forward deployed engineer, o FDE, lleva ese oficio al terreno del cliente: entiende el problema, conecta sistemas y consigue que algo funcione en su contexto. Mi tesis es que la IA permite llevar esa misma manera de trabajar a una escala mucho más pequeña. Incluso a casa.
Estas mejoras rara vez nacen de un capricho. Casi siempre hay un punto de dolor: algo que se repite, cuesta dinero o complica la vida. O una ilusión que quieres llevar un poco más lejos. En mi caso, los tres ejemplos reales que os traigo tienen un origen muy concreto.
Una foto para controlar el agua
Primer caso, varias facturas de agua de miles de euros (ojo, no es broma..) durante varios años seguidos. La tormenta perfecta, un Ayuntamiento que tiene tarifas -casi- exponenciales y un conjunto de elementos difíciles de controlar: piscina, césped, setos, arena de la playa.. y .. alguna fuga. De ahí nace la necesidad de saber cuánto llevamos consumido y qué gasto podemos esperar, antes de que llegue la siguiente factura. ¿Cómo hacerlo? Vamos a lo fácil. Si tenemos a alguien que nos pueda enviar una foto vía móvil, ya lo tenemos..
En VERA, la aplicación que gestiona mi vida, hay un flujo para eso. Cuando llega la foto por correo, whatsapp, telegram.. como sea, se reenvía a una entrada de la App con la marca «contador» o «lectura» en el asunto. El sistema busca el adjunto y llama a la API de Groq (ojo no de Grok) para interpretar la pantalla. Totalmente gratuito. Después registra los metros cúbicos en suministros. Si la lectura tiene poca confianza, la rechaza.
Después compara con la referencia del ciclo y aplica la tarifa configurada. La previsión utiliza histórico cuando lo hay; si falta, hace una proyección lineal marcada como provisional.
La ayuda nace de conectar la foto con una decisión. El reconocimiento de imagen es una pieza. El contador correcto, las fechas y la tarifa hacen que esa pieza sirva para algo. Me sirve para dos cosas, la primera saber aproximadamente qué vamos a pagar la próxima vez y la segunda - sobre todo - saber si se ha desmadrado el consumo y hay que llamar a Rubén para que revise si algo se ha roto.
Una receta que llegue al sábado
¿Qué comemos? Infinitas veces nos hacemos la pregunta en familia. El problema es de lo más cotidiano: la dificultad de tener un menú semanal familiar, lógico y normal. Algo que nos encaje, que nos guste y.. que podamos llevar a la práctica. Lo que hacíamos era compartir las recetas de Instagram que nos apetecían, guardarlas y tenerlas enterradas entre cientos de mensajes para no usarlas..
Pero ahora tenemos a Xicote, un bot de Telegram. Le comparto el enlace y me devuelve una ficha de la receta. Queda guardada en un recetario común, para poder recuperarla sin rebuscar en conversaciones.
Por debajo combina herramientas: yt-dlp para descargar el contenido, FFmpeg para tratar el audio y la API de Groq, para convertir el material en una receta estructurada. Todo conjuntamente cuesta 0 €. Eso sí, gratis tiene límites de uso; para una ayuda familiar, se puede empezar sin contratar más capacidad, para temas más potentes, hay que pensárselo.
La ficha llega primero a quien envió el enlace. Si pulsa «Proponer al grupo», Xicote la lleva a los chats privados de los familiares vinculados. Cada uno puede votar si le apetece, elegir una opción para el fin de semana y, después de cocinar, indicar si repetiría.
Así ayuda a montar el plan: compartir, proponer, decidir cuándo y recoger qué gustó. Los votos aportan información para orientar las siguientes propuestas. Nada de inventarse que a alguien le encanta la berenjena (ojo a mí sí).
La familia acepta, cambia o descarta. Guardar una receta y conseguir que se cocine son problemas distintos. El segundo exige entender nuestra semana y ponerse serio, pero definitivamente nos ayuda.
Italiano para nuestro viaje
No todo es dolor, también está la ilusión de hacer un viaje algo más completo, incluso más épico que en otras ocasiones. Para nuestro viaje a Italia, parte de esa ilusión es hablar -mínimamente- el idioma de allí: poder pedir algo, entender una respuesta sencilla y participar un poco más en lo que estamos viviendo.
De ahí sale otro Bot ‘Magari’, que ejecuta un entrenamiento familiar pequeño, cada día envía notas de voz y texto con situaciones del viaje. Hoy, pedir un café; mañana, preguntar por un billete; después, reservar una mesa. Está gamificado y en una primera fase, el ‘regalo’ son imágenes del destino, más adelante juegos en los que participan los 4 de la familia. Así tenemos algo que nos une al viaje sin ni siquiera haberlo empezado.
El bot propone una frase, escucha el intento y ayuda a corregirlo. El fin de semana toca repaso personalizado. Os tengo que decir que lo hacemos a diario y, si alguien no lo hace, ya se encargan los otros de recordárselo irónicamente.
No necesitamos fluidez. Necesitamos tener algo básico y que nos atrevamos a hablar y recordemos lo practicado. El itinerario da contexto; los intentos de cada uno orientan el repaso.
Mucho oficio, poca infraestructura
Los bots y la automatización local corren en un PC de diez años, sin un servidor dedicado contratado. Tiene su horario: para a las 00:15 y vuelve a arrancar a las 07:00. Los procesos locales esperan mientras descansa. Para proponer una comida o preparar un repaso no necesito disponibilidad permanente.
VERA sí tiene alojamiento web y utiliza servicios externos. Pero GitHub, Vercel y Supabase te lo dan también de manera gratuita. Eso sí, para construir cosas, sí he usado Claude que tiene coste. Pero para mí la clave está en reservar la IA para hacer lo que de verdad te libera de tareas muy tediosas, largas y complejas. El resto se puede hacer totalmente a coste 0.
No me olvido que también utilizo Remotion en la Fábrica de vídeo: de un guion de clase de italiano salen vídeos y carruseles. Tiene licencia gratuita para particulares y equipos pequeños que cumplan sus condiciones. Sirve para crear pequeñas piezas de repaso del idioma y muchas cosas más que contaré otro día.
Entre software gratuito, planes con límites y el ordenador que ya tengo, hay una verdadera infinidad de cosas aprovechables. Saber unir esas piezas te da la vida: menos mensajes perdidos, menos cuentas a mano y más posibilidades de llevar una idea hasta algo que usamos. Y, en definitiva, ayudar a la familia a conseguir nuestros objetivos todos juntos.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que ser FDE para hacerlo? No. Sí ayuda adoptar su disciplina: observar, acotar, construir y comprobar.
¿Hace falta una aplicación nueva para cada cosa? Prefiero conectar lo que ya usamos y añadir solo lo necesario.
¿La IA decide por la familia? Propone con información disponible. Nosotros confirmamos los planes y corregimos los datos.
Conclusión
Veo una oportunidad para quienes llevamos años traduciendo necesidades en sistemas: aplicar ese criterio también a nuestra vida. Empezar por la factura que duele, las comidas que no conseguimos organizar o el viaje que nos ilusiona. La IA facilita construir; elegir bien qué construir sigue siendo responsabilidad nuestra.
Mi próximo cliente vive conmigo. Y sabré que le he ayudado cuando resolver estas pequeñas cosas le cueste menos esfuerzo que antes. Y un “qué bien papi” es la mejor recompensa que uno puede obtener.


